De la necesidad de negocio al caso de uso: cuándo tiene sentido aplicar IA
En muchas empresas la adopción de la IA empieza con una pregunta aparentemente lógica: “¿Dónde podemos incorporarla?”. Si el problema no está bien definido, puede surgir un caso de uso atractivo sobre el papel, pero difícil de integrar en la operativa, justificar por el valor que aporta o sostener en el tiempo.
El primer paso es entender cómo funciona el proceso, dónde aparecen las fricciones y qué resultado espera obtener la empresa. Ese diagnóstico permite detectar y cualificar necesidades de negocio que pueden abordarse mediante iniciativas en torno al dato y valorar después si la respuesta requiere IA, analítica avanzada, visualización, ingeniería de datos, automatización, integración entre sistemas o un rediseño del proceso.
Antes de elegir una tecnología, conviene entender qué proceso debe mejorar y qué resultado se espera obtener.
Empezar por el proceso, no por la solución
Una petición del tipo “queremos incorporar IA a este proceso” puede responder a situaciones muy diferentes: localizar información dispersa entre cientos de documentos, automatizar tareas manuales sujetas a reglas estables o apoyar decisiones condicionadas por información incompleta, un contexto cambiante y la coordinación entre varios sistemas.
A veces, la dificultad reside en el diseño del propio proceso: aprobaciones redundantes, responsabilidades poco claras o datos que se introducen varias veces.
Una misma solución difícilmente responderá bien a escenarios tan distintos. Antes de elegirla, conviene concretar:
- ¿Qué resultado genera el proceso y para quién?
- ¿Dónde se producen retrasos, errores o costes evitables?
- ¿Qué decisiones se toman y qué información necesitan?
- ¿Qué partes siguen reglas estables y cuáles requieren interpretar contexto?
- ¿Qué datos existen, con qué calidad y bajo qué condiciones pueden utilizarse?
- ¿Qué intervención humana debe mantenerse?
- ¿Cómo se medirá la mejora?
Cuando la necesidad afecta al conjunto de la empresa, conviene realizar un diagnóstico más amplio. Una evaluación de la madurez en datos e IA permite examinar su punto de partida en negocio, organización, datos y tecnología.
Una misma necesidad puede requerir automatización, integración, analítica, IA o rediseño del proceso.
Comprender el proceso desde cinco perspectivas
Visto como una secuencia de tareas, un proceso puede parecer sencillo. Sin embargo, muchas de sus dificultades residen en elementos menos visibles: los sistemas que lo sostienen, las reglas de decisión, la coordinación entre áreas o la conservación del conocimiento.
Para obtener una visión suficientemente amplia, conviene analizarlo desde cinco perspectivas complementarias:
1. La actividad que genera valor
El análisis debe delimitar qué transforma el proceso, sus entradas y salidas y el resultado esperado por el usuario, cliente o área de negocio. Sin esa referencia, optimizar una tarea puede no mejorar el resultado global.
2. El soporte operativo
Esta perspectiva comprende los datos, aplicaciones, recursos e infraestructuras que sostienen el proceso. Aquí suelen aparecer sistemas desconectados, información duplicada, documentos sin estructurar o tareas manuales que compensan la falta de integración entre aplicaciones.
3. Las reglas y decisiones
Hay que identificar quién decide, con qué criterios, cómo se priorizan los casos y qué ocurre ante una excepción. Así se distingue entre decisiones que pueden resolverse mediante reglas y aquellas que exigen interpretar información menos estructurada, considerar un contexto cambiante o mantener el criterio humano.
4. Las personas y los equipos
Los roles, las capacidades y la coordinación entre equipos también condicionan el resultado. Una iniciativa técnicamente viable puede perder valor si carece de un responsable claro, añade pasos a la operativa o excluye de su diseño a quienes deben utilizarla.
5. El gobierno y la evolución
Hay que definir cómo se medirá y mejorará el proceso y, cuando su impacto o la regulación lo exijan, cómo se documentarán y auditarán las decisiones. Si intervienen datos o modelos de IA, deben considerarse su calidad, seguridad, trazabilidad, finalidad de uso y cumplimiento.
■ Incorporar gobierno del dato y gobierno de la IA desde el diseño permite anticipar requisitos y reduce la necesidad de introducir cambios cuando la solución ya está construida.
Analizar el proceso desde varias perspectivas permite detectar barreras que no aparecen al mirar solo la secuencia de tareas.
De una fricción a una oportunidad bien definida
Detectar una fricción señala dónde aparece un problema, pero no explica sus causas ni la respuesta adecuada. "El equipo tarda demasiado en responder", "se cometen errores al tramitar solicitudes" o "resulta difícil encontrar la documentación adecuada" son síntomas. Para convertirlos en oportunidades de mejora, hay que entender qué los provoca.
Para evaluar una oportunidad, conviene recoger:
- El proceso y los usuarios afectados
- El problema observado
- Sus causas probables y las evidencias disponibles
- El resultado de negocio que se busca mejorar
- Los datos y sistemas implicados
- Las restricciones operativas, regulatorias y de seguridad
- Los indicadores que permitirán comprobar el resultado
■ Definir cada oportunidad con estos elementos facilita su comparación y evita acumular ideas desconectadas de la operación. El mismo marco permite levantar un listado inicial de iniciativas de distinta naturaleza, como ingeniería de datos, integración, visualización, analítica avanzada, machine learning, IA generativa o un agente de IA capaz de utilizar herramientas.
Una oportunidad bien definida permite comparar iniciativas distintas con criterios comunes.
Tres procesos, tres respuestas diferentes
Los siguientes escenarios hipotéticos muestran cómo una fricción puede responder a causas distintas y por qué el diagnóstico debe preceder a la elección tecnológica.
Escenario 1: la mejora no requiere un modelo de IA
El área de compras de una empresa tarda varios días en aprobar algunas solicitudes. La primera hipótesis atribuye el retraso al volumen de documentación y plantea utilizar IA para revisarla.
El análisis revela otra causa: los mismos datos se introducen en dos aplicaciones, varias aprobaciones se solicitan de forma secuencial aunque podrían realizarse en paralelo y la mayoría de las decisiones sigue reglas estables relacionadas con el importe, el centro de coste y el tipo de proveedor.
La respuesta más proporcionada sería simplificar el flujo, integrar los sistemas y automatizar las reglas. Incorporar un modelo de IA podría añadir complejidad sin actuar sobre el origen del retraso.
—Si el retraso nace del diseño del proceso, añadir IA puede aumentar la complejidad sin resolver la causa.
Escenario 2: la IA generativa facilita el acceso al conocimiento
Un servicio técnico consulta manuales, procedimientos y registros de incidencias distribuidos en distintos repositorios. Sus profesionales dedican demasiado tiempo a localizar la versión correcta de cada documento y reunir la información necesaria.
Acceder a los documentos es solo una parte del problema: también hay que seleccionar los contenidos pertinentes, relacionarlos y presentarlos en un contexto útil para el especialista. Una aplicación de IA generativa conectada a fuentes corporativas podría ayudar a localizar, sintetizar y contextualizar esa información. Debería mostrar las fuentes utilizadas, respetar los permisos de acceso, trabajar con documentación actualizada y mantener la validación del especialista ante respuestas sensibles.
El objetivo sería reducir el tiempo de búsqueda sin sustituir el criterio técnico. El mismo criterio debe aplicarse a las soluciones de IA generativa y agéntica: identificar primero el caso de uso y valorar después cómo incorporarlas a la operativa.
—La IA generativa aporta más valor cuando el reto es localizar, relacionar y contextualizar conocimiento disperso.
Escenario 3: un agente puede coordinar una tarea de varios pasos
Una empresa necesita revisar solicitudes de alta de proveedores. El proceso exige comprobar la documentación, consultar varios sistemas, pedir los datos que falten y remitir las excepciones al área correspondiente.
Cuando el flujo combina reglas, documentación variable, consultas a distintas herramientas y seguimiento de cada expediente, puede ser razonable evaluar un agente de IA con un ámbito de actuación delimitado. El agente podría coordinar tareas intermedias y preparar la información necesaria para decidir, sin sustituir los controles del proceso.
También podría recopilar información, señalar incoherencias y proponer el siguiente paso. Las decisiones de mayor impacto (como autorizar un alta o modificar datos bancarios) mantendrían los controles de autorización y supervisión humana adecuados. Su utilidad dependería de que ejecutara sus tareas con la fiabilidad, trazabilidad y control necesarios, así como de los límites establecidos para sus permisos, fuentes y autonomía.
—Un agente puede coordinar tareas de varios pasos, siempre que actúe dentro de límites claros de control y supervisión.
■ Esta misma lógica aparece en el uso cotidiano de herramientas como ChatGPT, Claude o Microsoft Copilot. Algunas tareas se resuelven mejor mediante una conversación iterativa; otras justifican un agente que ejecute varios pasos. En ciertos casos, automatizar requiere más esfuerzo del que ahorra o sigue siendo preferible intervenir de forma manual. El objetivo no es utilizar más IA, sino elegir el apoyo que aporta más valor.
Cómo priorizar los casos de uso
Los escenarios anteriores muestran que no todas las oportunidades tienen la misma naturaleza ni requieren el mismo tipo de respuesta. Una vez identificadas, la priorización permite concentrar los recursos en las iniciativas que combinan valor esperado, viabilidad y capacidad real de implantación.
Nuestra Consultoría Data & AI ayuda a priorizar estas oportunidades mediante una metodología adaptada a los criterios y al contexto de cada empresa. La evaluación cubre unos estándares mínimos de viabilidad técnica, impacto en el negocio, ética, regulación y gobernanza, y permite ordenar iniciativas de distinta naturaleza sobre una base común.
Este trabajo se realiza junto con los expertos del negocio del cliente y con un enfoque agnóstico respecto a la tecnología. Así, la selección no parte de una herramienta predeterminada, sino de las necesidades específicas de cada proceso y de la capacidad de la iniciativa para generar un impacto verificable.
Para facilitar la comparación entre iniciativas, estos criterios pueden agruparse en cuatro dimensiones:
- Impacto en el negocio: ¿qué resultado se espera mejorar, para quién y cómo se comprobará?
- Viabilidad técnica y del dato: ¿hay datos con calidad, disponibilidad y trazabilidad suficientes? ¿Puede la tecnología ofrecer la fiabilidad necesaria e integrarse con los sistemas implicados?
- Riesgo y gobierno: ¿qué consecuencias tendría un error y qué requisitos de seguridad, ética, regulación, supervisión y trazabilidad deben cumplirse?
- Preparación operativa: ¿quién será responsable del caso de uso? ¿Cómo se incorporará al trabajo, se mantendrá y evolucionará?
■ Con este enfoque, la iniciativa técnicamente más avanzada no tiene por qué ocupar la primera posición. Un caso acotado, medible y respaldado por datos adecuados puede ofrecer más valor que otro más ambicioso para el que la empresa aún no esté preparada.
Priorizar no consiste en elegir lo más avanzado, sino lo que combina impacto, viabilidad y capacidad real de implantación.
Del caso de uso a una hoja de ruta
Si la priorización indica por dónde empezar, la hoja de ruta convierte esa decisión en una iniciativa ejecutable. Para cada caso prioritario, Use Case Discovery permite definir una guía técnico-funcional, los requisitos para su desarrollo, la arquitectura de referencia (con sus componentes y servicios tecnológicos), los responsables, los indicadores, los controles y el roadmap de implantación. Según el proyecto, un producto mínimo viable puede servir para validar las hipótesis y ajustar la solución antes de escalarla.
La hoja de ruta también debe recoger las dependencias compartidas: varios casos pueden requerir la misma fuente de datos, capacidades de integración o un marco de gobierno. Identificarlas reduce el riesgo de crear soluciones aisladas y permite planificar capacidades reutilizables.
La implantación también requiere adaptar la operativa y preparar a las personas que utilizarán la solución: disponer de una herramienta no asegura que cambie la forma de trabajar. Involucrar a las áreas implicadas desde el descubrimiento acerca el diseño a su realidad y facilita la adopción antes del despliegue. El acompañamiento técnico y la formación ayudan a mantener la alineación con los objetivos y a facilitar el cambio cultural.
Una hoja de ruta convierte la priorización en ejecución, incorporando dependencias, controles y adopción operativa.
Conclusión
Antes de incorporar IA a un proceso hay que determinar qué necesita para funcionar mejor. A veces bastará con reorganizar tareas o conectar aplicaciones; en otros casos, la analítica puede detectar patrones o elaborar previsiones, la IA generativa facilitar la consulta de conocimiento disperso o un agente coordinar acciones entre varias herramientas.
Comprender el proceso, definir el resultado esperado y comparar las alternativas con criterios comunes ayuda a orientar la inversión hacia iniciativas relevantes y realizables, y a revisar sus resultados durante la implantación.
La IA aporta valor cuando responde a una necesidad concreta y puede integrarse, medirse y sostenerse en la operativa.
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