El cifrado de extremo a extremo es un método de seguridad que protege la comunicación de manera que solo el emisor y el receptor pueden acceder al contenido. La información se transforma en un formato ilegible mientras viaja a través de la red, evitando que terceros —incluidos proveedores de servicio— puedan leerla.
Porque asegura la confidencialidad de datos sensibles, como información financiera, propiedad intelectual o comunicaciones internas críticas. Con este tipo de cifrado, las empresas reducen el riesgo de espionaje, fugas de datos o accesos no autorizados, incluso si la red o los servidores intermedios son comprometidos.
Se utiliza en aplicaciones de mensajería segura, servicios de correo electrónico, videoconferencias y soluciones de colaboración corporativa. También es habitual en sectores regulados como banca, salud o administraciones públicas, donde la protección de la información es prioritaria.