Es el principio por el cual las empresas y los países buscan garantizar que sus datos y tecnologías críticas se gestionen bajo sus propias normas, sin dependencia excesiva de proveedores externos ni exposición a legislaciones extranjeras.
Porque asegura el cumplimiento normativo (como el RGPD), refuerza la confianza de clientes y protege la competitividad. Permite decidir dónde se almacenan los datos y bajo qué marcos legales se procesan.
Proyectos europeos de nube soberana, identidades digitales como el EU Wallet y alianzas tecnológicas que garantizan que los datos permanezcan bajo control local, sin renunciar a la innovación ni a la colaboración global.