Una vulnerabilidad Zero-Day es un fallo de seguridad desconocido para el fabricante del software y, por tanto, sin parche disponible en el momento en que es descubierto o explotado.
Su nombre hace referencia a que las empresas tienen “cero días” para protegerse antes de que pueda ser utilizado de forma maliciosa.
Porque los ataques Zero-Day se producen antes de que existan soluciones oficiales, lo que dificulta su detección y mitigación.
Los ciberdelincuentes pueden aprovechar (explotar) estas vulnerabilidades para acceder a sistemas, robar información o interrumpir operaciones críticas sin ser detectados por los mecanismos tradicionales de seguridad.
La protección frente a Zero-Day no se basa únicamente en parches, sino en un enfoque proactivo. Las empresas recurren a técnicas de ciberinteligencia, análisis de comportamiento, monitorización avanzada, segmentación de redes y modelos como Zero Trust para limitar el impacto.
Además, la detección temprana desde SOC, SIEM o XDR es clave para contener este tipo de amenazas antes de que se propaguen.